Psicologia de la Personalidad

November 8th, 2007 by Oscar Oro

 
La
Psicología es una ciencia autónoma y que cabalga entre las Ciencias de la Naturaleza y las del Espíritu.

 

  

Normal

Anormal

Lo normal se equipara con el término medio, obtenido de la observación de un número determinado de casos.

Etimológicamente, deriva del latín norma que se traduce por pauta, escala de medida, ley.

Una persona es normal cuando se relaciona satisfactoriamente consigo mismo y con los otros, es decir, se adapta a las exigencias válidas del mundo que le toca vivir sin contrariar su mundo interior.  Esto implica adaptabilidad bio-psico-espiritual, en consonancia con la comunidad.

Existen dos conceptos de normalidad:  el de norma de frecuencia (estadístico) y el de norma ideal (valorativo).

Etimológicamente deriva de griego en el cual a  es un prefijo negativo, por lo que se lo puede traducir como sin ley.

La anormalidad se refiere al hombre como desadaptación tanto en el aspecto cuantitativo como cualitativo en referencia a los distintos planos: biológico, psicológico y espiritual, y por lo tanto por debajo como por encima  de lo que sería lo normal.

Se habla de inferioridad cuando el ser humano como un todo o alguno de sus estratos en particular, no puede cumplir con las exigencias del medio.  Se habla de hipernormalidad, cuando un ser humano como un todo o alguna de sus funciones parciales lleva a cabo su tarea en más, produciendo el desequilibrio del sistema.

 


DEFINICIONES NECESARIAS

 

Definición de Psicología

 

à  Ciencia de la psique, cuya tarea es lograr un cuadro ordenado y lo más amplio posible de los conocimientos existentes sobre el psiquismo.

à  Estudio de las conductas y las vivencias, en su doble nivel de lo consciente y lo no consciente.  (Ésta definición trata de captar la personalidad desde fuera como conducta activa en el mundo, y desde dentro, captar las vivencias, es decir, lo experienciado o vivido por la persona.)

Sobre el concepto de  vivencia:   Lersch  la define como la iluminación desde dentro de la vida. Es el percatarse, el darse cuenta, de la comunicación que establece todo ser vivo con el mundo circundante.  La  percepción  es un aspecto importante de la vivencia, y el hombre lo hace desde necesidades elementales como el hambre, hasta necesidades éticas o religiosas.  Es en función de este amplio conjunto de necesidades que el hombre se comunica con el mundo, donde se produce lo que Lersch denomina “el circuito funcional de la vivencia”.

 

El circuito funcional de la vivencia

 

Cuando la comunicación entre el hombre y el medio circundante es acompañada por un darse cuenta, se produce una vivencia. Ese darse cuenta tiene tres momentos:

 

1.      aprehensión emocional.

2.      la percepción consciente.

3.      la comprensión intelectual.

El punto de partida para poder vivenciar es la percepción, el encuentro con el mundo y la concienciación del mismo.

Ante los estímulos se capta en una forma seleccionada, diferenciándose el contorno del mundo circundante. El contorno, es el conjunto que forma parte del espacio vital donde se hallan las cosas. El mundo circundante, es aquel que le pertenece al hombre que se ha abierto a su acción, el mundo es solamente suyo y para cada uno diferente.

Lo que se percibe en el mundo circundante está condicionado por las necesidades que se hacen presente en la vida como tendencias, instintos, pulsiones, deseos o inclinaciones. La tendencia se manifiesta en una necesidad que puede ser vital, anímica o espiritual.

La necesidades en forma de pregunta o de búsqueda son las que se abren camino en el mundo circundante, previamente a toda percepción, la que es dirigida por la tendencia en la concienciación del mundo.

Lo que se destacó del mundo circundante fue señalado por el vivenciar como valor o no valor, lo es experimentado como sentirse afectado por algo, lo que va ligado a la conducta.

Los hechos psíquicos de la pulsión de el darse cuenta del mundo del sentirse afectado y de la conducta activa se interpretan formando la totalidad llamada circuito funcional de la vivencia, que designa un proceso entre los polos del ser vivo y el mundo que a su vez está inmerso en un estado denominado temple estacionado que acompaña en todo momento a la vivencia y la sustenta.

La temporalidad  de la vivencia implica que lo vivenciado no se pierde, sino que se infiltra en cada momento del presente, lo que se denomina memoria experiencial.

 

El pensamiento y la voluntad como funciones del yo:  el pensamiento y la voluntad se diferencian de las vivencias endotímicas (que tienen que ver con los procesos entre apetitos, pulsiones, tendencias que llevan el sello de lo que es ajeno al yo que fluye de un modo no consciente) porque se percibe al yo como punto de partida. El iniciador de los procesos psíquicos es gracias a la voluntad de que el hombre se siente siendo consciente, de un yo impulsado o gobernado, sino dirigiendo él.

 

Estructura superior de la personalidad:  la tara del yo es gobernar la conducta orientada en una dirección por la existencia, lo que se realiza por la voluntad, pero necesita de los procesos psíquicos del intelecto. Es misión del pensamiento clasificar y ordenar el mundo, proporcionándole al hombre su posesión o carencia de valor. Se muestra sobre el mundo en el que actúa como un horizonte con contenidos espirituales de sentido a los que está referida su existencia, donde la voluntad decide hasta que punto permite que se desenvuelvan o no apetitos, vivencias, tendencias.

El sentido y las posibilidades de la existencia humana son dadas por la dignidad, libertad y responsabilidad, lo que hace que el hombre se enfrente a sus vivencias moderando unas y dejando actuar otras; lo cual hace a su voluntad y pensamiento.

 

Pensamiento y hábito noético

 

La capacidad de abstracción:  al hábito noético de una persona pertenece la capacidad de formar conceptos o de poder utilizar de manera adecuada los conceptos corrientes. Dicha capacidad es diferente en cada hombre, algunos no pueden superar el pensamiento concreto.

 

El pensamiento concreto y abstracto:  los conceptos representan productos del conocimiento intelectual, las representaciones sustentan y son facilitadoras de la comprensión según la medida en que se utilice ésta posibilita el pensamiento concreto o abstracto.

 

La capacidad de juicio:  es la posibilidad de alcanzar comprensión en una relación dada ya que el juicio estable permite las relaciones entre términos, lo que se relaciona con los intereses lógicos de cada persona.

 

Capacidad razonadora:  proceso de pensamiento al que se llama razonamiento y aporta precisión, coherencia, orden y sistema al curso de pensamiento. Las formas emocionales, como la ira, la irritación, el susto, y la angustia, hacen que se pierda el horizonte noético de la consciencia; no pudiéndose diferenciar los juicios que ayudan a poner en orden la imagen del mundo.

El sentimiento depresivo lleva en sí la tendencia a juzgar en forma desfavorable las situaciones dadas.

 

La voluntad y el pensamiento:  la voluntad influye al pensamiento. Todo pensamiento es un trabajo sobre un objeto y necesita una tensión de la voluntad que lleva consigo un esfuerzo, la falta de este esfuerzo se traduce en una reducida actividad intelectual espontánea.

En los tipos de voluntad se encuentra la capacidad de decisión, lo que determina al hombre en su actuar.

La dificultad de decisión tiene tres raíces diferentes:

 

·         Ante cada elección se siente que se acepta algo, pero se condena a muerte la otra posibilidad.

·         No se elige por la imposibilidad de aceptar el riesgo y la responsabilidad, además de necesitarse confianza en las propias fuerzas.

·         En el estado de ánimo vital, cuando una persona está depresiva sus representaciones sólo se muestran el lado oscuro y la inutilidad de toda iniciativa.

 

Un estado de ánimo vital positivo lleva a un juicio favorable en las cosas. En la capacidad de decisión e indecisión desempeña un importante papel las disposiciones dadas por la naturaleza. Pero también es verdad que la capacidad de decisión puede ser adquirida o enseñada hasta cierto punto.

 

Lersch sostiene que una educación que despoje al hombre de su responsabilidad, del esfuerzo de la decisión, tiene menos probabilidades de hacer un hombre con capacidad de decisión; que una conducta que lo coloque  en la necesidad de hacerlo sin ayuda exterior.

 

Definición de Personalidad

 

Individualidad:  adquiere el significado de unicidad,  singularidad y atonomía y en las distintas especies se produce una individualización progresiva.  El individuo es una unidad inseparable, ya que la división constituye la muerte o la enfermedad y tiene como agregado la particularidad de cada uno.

 

Persona:  significa un yo que dice a su manera lo que su propia naturaleza le hace sentir.  Una persona sana es aquella que no sólo maneja hasta cierto punto la instintividad, sino que lo hace con alegría, sintiéndose cómoda en su obrar.  Que siente que no cumple normas impuestas desde afuera, sino que las vive.

 

Personaje:  un individuo representa un personaje en la medida que desempeña un papel determinado. Un mismo individuo puede representar varios personajes, no siendo más que una persona.

 

Carácter:  posee una triple validez:

à   En primer lugar como la característica de algo, algún tipo de cualidad (uso fenomenológico – estético).

à   En segundo lugar como la impronta moral de una persona (uso ético).

à   En tercer lugar como las características anímicas del hombre (uso psicológico).

 

Temperamento:  es el conjunto de las particularidades fisiológicas y morfológicas que diferencia a los distintos ejemplares de una misma especie y que tiene incidencia sobre el carácter. Determina el matiz de las vivencias, es decir, que brota del interior del psiquismo y se despliega en el mundo exterior.

 

Personalidad:  organización dinámica en el individuo del conjunto psicofísico que determina ajustes con su entorno y consigo mismo, orientados por una ordenación intelectual de los valores.

 

Personalidad básica (Dufrenne)

 

 

Personalidad básica  e individualidad:  la noción de personalidad básica sugiere que lo individual es al mismo tiempo lo parecido. Lo universal es sólo lo que vale universalmente sino también lo propio de lo que existe en comunidad con otros, que puede comprenderlos y ser comprendido. Así el hombre que es de su tiempo y de su medio, hasta tornarse emblema o catalizador de ellos, es finalmente el que tiene la personalidad más fuerte. Y, recíprocamente, el que en la sociedad se aplica a seguir los más secretos de su vocación es finalmente el que se reconoce en los otros y se siente más cerca de ellos.

Lo universal puede significar más que esta pertenencia a un mismo grupo o a una misma cultura que designa más bien lo general, puede significar la humanidad en todo hombre, la presencia de ese universal humano cuya afirmación hemos visto que es indispensable.

La subjetividad debe encontrar la oportunidad de expresarse y ser reconocida y sólo puede lograrlo haciéndose naturaleza o volviendo a encontrar en ella a la naturaleza o volviendo a encontrar en ella a la naturaleza. Naturaleza que no es sólo biológica sino también social, ya que lo biológico sólo manifiesta una individualidad y no la personalidad; es necesario que la sociedad intervenga para que la individualidad tome consciencia y que con el advenimiento de una norma humana y de la posibilidad  de reconocimiento aparezca la personalidad. Lo social es entonces el fundamento mismo de la personalidad, no como aquello que la crea, sino como aquello que la manifiesta. La singularidad que precede de la libertad debe encontrar la universalidad que procede de la naturaleza y, particularmente, de la sociedad.

 

La personalidad básica como abstracción psicológica:  todo hombre es, desde ciertos puntos de vista: 1) como todos los otros hombres, 2) como algunos otros, 3) como ningún otro. Es decir, que todo hombre tiene una naturaleza humana, una personalidad básica, una personalidad individual.

Los grados de generalidad de que el hombre es susceptible con la acción de los “determinantes” que ejercen sobre él y entre los cuales se distinguen cuatro: la constitución fisiológica, la pertenencia al grupo, el rol y las situaciones propias de la historia singular. La personalidad del individuo es el producto de disposiciones heredadas y experiencias ligadas al ambiente, las similitudes de las experiencias y de la herencia tenderán a producir características de personalidad semejantes en individuos diferentes.

La personalidad básica parece entonces una abstracción legítima no sólo porque en efecto se puedan hallar semejanzas entre los individuos sino porque se puede determinar las causas de esas semejanzas en la socialización de esos individuos, en la acción que una misma cultura ejerce sobre ellos. Cuando se considera, por el contrario, las disposiciones biológicas o los acontecimientos que jalonan una vida, el efecto de las causas particularidades es, a su vez, particular y obliga a considerar el individuo como singular. Pero de todos modos el individuo es el resultado de ciertas causas y por sí mismo no es nada: lo que hay en él de único es también un efecto de lo que en él hay de general, y la elaboración de esas causas autoriza a adoptar, a su respecto, diferentes puntos de vista y a subsumirlo bajo diferentes conceptos.

El individuo es único, y paradójicamente, se puede decirlo de todo individuo, o sea del individuo en general, y esto advierte ya que no se puede decir que el individuo es único porque es real y porque, en cuanto real es resultado de un conjunto singular y singularizante de circunstancias; le corresponde ser único, es un rasgo de su ser: tiene una personalidad. Tener una personalidad no es sólo un don natural sino una obra del yo sobre sí mismo.

 

La personalidad básica como norma:  la personalidad básica es también una norma: expresa la normatividad del grupo y propone al individuo una cierta manera de vivir que puede, por otra parte, adoptar más o menos consciente y voluntariamente.

La personalidad básica aparece como una norma porque no es sólo producida en el individuo por la socialización sino más o menos confusamente descubierta por él sobre los otros y aceptada no es sólo un resultado en él sino un modelo para él. El individuo específico de la cultura es también el individuo estándar, o el llamado “hombre – ideal” o “personalidad aprobada”. Más aún, si existe socialización, es quizás porque hay ante todo una norma: la sociedad no actúa sobre el hombre como sobre las cosas, no lo determina sino obligando su consentimiento de modo que no obedece a una ley natural sino que se somete a una ley moral y siente la coacción como obligación.

La media es por lo tanto lo normal, pero lo normal tiene valor de norma porque procede de una normatividad que es ante todo, en este caso, la de la sociedad. Ya que a la sociedad se le debe atribuir verdaderamente la elaboración de la personalidad básica concebida como norma por el individuo.

Ese hombre ideal es un modelo para los miembros de la sociedad  la personalidad básica expresa también lo que hace que la sociedad, tal como se quiere a sí misma, puede durar: la personalidad básica es de modo que el mantenimiento y la cohesión de la sociedad sean preservados.

Se puede comprobar que la personalidad básica es una norma cuya iniciativa como tal pertenece a la sociedad, mediante la existencia, en toda sociedad, de individuos que no pueden conformarse a esa norma y que se los denomina “marginales”.

Agregado en Oscar Oro |

Leave a Comment

Please note: Comment moderation is enabled and may delay your comment. There is no need to resubmit your comment.

Buscar

Categorias

Archivos

enlaces externos

Meta